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Duelo: qué es y cómo superarlo

Mujer triste sintiendo su duelo en el atardecer

¿Quién no ha atravesado algún tipo de duelo? ¿Quién no ha sufrido en esta vida algún tipo de pérdida? ¿Quién no ha tenido alguna ruptura y ha sentido el dolor del amor?

Vivir es sinónimo de sufrir, en cierto modo. Exponerse a la vida en todo su esplendor implica, inexorablemente, encontrarse con eventos que duelen y rasguñan.

Algunas veces, podemos atravesar perfectamente por nosotros mismos el duelo, pero otras será crucial el escoger un buen psicólogo, ponernos en manos de un profesional e iniciar terapia psicológica basada en la evidencia científica.

¿Qué es el duelo?

El duelo es un proceso que atravesamos cuando sufrimos algún tipo de pérdida o sufrimiento debido a cambios súbitos. Es usual relacionar el duelo con el amor, pero no siempre va ligado, sino que este proceso también puede experimentarse ante fallecimientos, mudanzas, cambios de trabajo o centro de estudios, etc.

Implica un amasijo de emociones y etapas prácticamente universales. Independientemente de la cultura en la que nos encontremos, lo que se siente durante un duelo es más o menos lo mismo en todas las personas. Obviamente, influye notoriamente la historia vital que haya transitado cada persona, todos y cada uno de los aprendizajes que haya cosechado, pero, a fin de cuentas, el proceso es bastante similar.

Etapas del duelo

Cada persona tiene su ritmo, no hay tiempos para atravesar un duelo, no hay un punto de inflexión rígido donde empezar a considerarlo patológico y afirmar que sólo puede resolverse con ayuda psicológica. Por ejemplo, habrá personas que superen muy rápido a su ex, pero otras que se queden anquilosadas y ancladas al recuerdo por mucho tiempo. Todo dependerá de la persona, el momento y el contexto en el que se encuentre.

Aunque tradicionalmente se delimitan una serie de etapas concretas para el duelo, estas no son realmente fijas ni forman parte de un proceso lineal, sino que son meramente categorías relativamente acertadas que fijan puntos vitales con los que podemos sentirnos algo identificados; pero no tenemos por qué experimentar todas las etapas, o, si lo hacemos, que sea de una manera correlativa y seguida. Puede haber saltos, idas y venidas, sensaciones de mejoría aparentemente bruscas, etc.

Transitemos un duelo más o menos rápido, no debemos sentirnos culpables. No tenemos el control de nuestras emociones y somos meramente fruto de nuestras experiencias pasadas. Sentir una u otra cosa no nos hace más débiles, flojos o peores personas.

Etapa de negación

Suele transitarse al inicio del proceso de duelo y, básicamente, conlleva una serie de emociones que bloquean a la persona y la llevan a ser incapaz de integrar o asumir la pérdida o cambio sufrido.

Podemos sentir un shock, una especie de sensación de que lo que estamos viviendo no es real. Quizá, incluso pensemos que en cualquier momento vamos a despertar y todo va a formar parte de un crudo sueño.

Etapa de ira

La ira, aunque pueda parecer desagradable, nos moviliza, nos hace percatarnos de posibles injusticias y alejarnos de contextos de dolor o sufrimiento. Esta emoción puede estar más o menos justificada, pero siempre, como todas, cumple una función importantísima y nos protege.

Etapa de negociación

Son momentos caracterizados por la rumia, la cábala y la sobrereflexión. Este tipo de conductas puede darnos una falsa sensación de control y hacernos creer que podemos aún encontrar soluciones con retrospectiva. Quizá, racionalmente, seamos plenamente conscientes de que no hay nada que hacer, pero igualmente rumiar y rumiar puede aliviarnos el malestar a corto plazo, aunque no sea una estrategia conveniente al largo.

Etapa de tristeza

Habitualmente, la tristeza es la emoción más presente durante todas las etapas, aunque todas y cada una de ellas se entremezclen; pero sí es cierto que podemos encontrar algunos periodos más ahítos de tristeza, pena, quebranto y desasosiego.

La tristeza, aunque rompa y resquebraje, aunque duela como nada, es también una emoción necesaria y digna de ser transitada.

En ocasiones, sucede que construimos un refugio en la tristeza y nos quedamos a vivir ahí, haciendo del dolor nuestra identidad y nuestro hogar. Semejante romantización del duelo puede ser muy peligrosa a largo plazo.

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Etapa de aceptación

La pérdida se va asimilando e integrando. El dolor mengua y muchas de las actividades que habían sido apartadas, vuelven a recuperarse y ser parte de la rutina de la persona.

Aceptar algo no implica que deba caer en el olvido. Simple y llanamente, conlleva que no pese tanto en la mochila que llevamos con nuestra persona.

Duelo anticipado

Puede suceder que la persona atraviese el duelo antes de que se dé la pérdida. Esto es habitual ante situaciones de larga enfermedad o patologías crónicas y graves. Por ello, en disciplinas especializadas de la psicología, como es la psicooncología, se trata a menudo con personas que, una vez dado el fatídico acontecimiento, se sienten vacías, culpables por no estar desbordadas por un sentimiento agraz o, incluso, liberadas por dejar de ver sufrir a su ser querido. El duelo puede seguir encontrando sus resquicios después de lo ocurrido, pero, mayoritariamente, se ha ido atravesando antes de que apareciera la funesta pérdida.

¿Cuándo dura el duelo?

Cada duelo es único. Es TU duelo, TU forma de afrontar un acontecimiento en base a las circunstancias, en base a los aprendizajes que has ido cosechando a lo largo de TU vida.


El duelo es un recorrido por emociones que son también necesarias y adaptativas, pues cumplen su función. La tristeza, y todas sus primas hermanas, están ahí por y para algo, no debemos buscar eludirlas lo máximo o lo más rápido posible.


Cada duelo es legítimo, único, no hay tiempos predefinidos, pese a que a veces ciertas personas o manuales se aventuren a delimitar unos rangos temporales a partir de los cuales, si no se alcanza la superación, se estipula el estado como condición patológica y necesaria de abordar mediante terapia psicológica.

La realidad es que podremos hablar de “patología” o de circunstancia problemática, en la medida en que limite a la persona su cotidianidad y suponga ya un impedimento para continuar con el día a día. Cuando hacemos del duelo un hogar y nos quedamos a vivir en él, es posible que nuestra vida anterior sí se vea perjudicada. Es ahí donde la persona habrá de decidir qué prefiere para sus días y, quizá, plantearse buscar tratamiento psicológico.


No obstante, una vez más, esos tiempos son únicos. Hay mil y una variables que pueden incidir en el tiempo que nos lleva “superar” algo. Por ejemplo, el conjunto de comportamientos que llevemos a cabo durante el duelo, tras el hecho abrupto, todo lo que hagamos, será crucial en la expansión o mengua del espacio temporal.


En ocasiones, determinadas desgracias se enquistan y uno vive rumiando y dando vueltas a un suceso durante más tiempo de lo que suele considerarse habitual. Es ahí cuando son frecuentes los comentarios de:

¿Aún sigues con eso…?

Yo creo que ya es hora de ir superándolo, ¿no?

Todos estos comentarios duelen, pues, aunque podamos tratar de entenderlos, hacen culpable a la persona de su propia desdicha. Quizá debamos tener más cuidado con ellos, ya que para eso que entendemos por “duelo”, no hay tiempos claros, no hay prisas, no hay por qué correr. A cada cual con su duelo, a cada cual con la forma que ha aprendido a vivir las cosas.

Persona transitando su propio duelo.

Si buscas ayuda…

Si tu duelo se ha enquistado, si te sientes en bucles de rumia perpetuos, si crees necesitar ayuda porque tu vida se haya vista gravemente opacada y limitada, no dudes en consultar nuestros servicios de terapia online psicológica.

Ejercemos desde el rigor científico y siempre procurando que la consulta sea un espacio seguro donde quien acuda se sienta como en casa.

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Marcos de Andrés Ortega

Dedicado a la coordinación del proyecto de enGrama, a la creación de contenido divulgativo y formativo, y a todos aquellos aspectos que impliquen atención al cliente, comunicación y redes sociales.Estudié trabajo social y psicología, para acabar por especializarme en el enfoque del análisis funcional de la conducta, el cual se ha convertido en un prisma desde el que concebir mi realidad. Más sobre Marcos de Andrés
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