enGrama Psicología, Terapia Online y formación para psicólogos

¿Existe la libertad? ¿Qué dice la psicología?

Una persona caminando hacia la libertad.

Vivimos sin pensar más allá por qué hacemos lo que hacemos, para qué nos comportamos como nos comportamos. Nos creemos seres con libertad, poseedores de libre albedrío y afortunados de poder elegir cada una de las cosas que queremos hacer en nuestro día a día.

Es más, quizá sería demasiado duro afrontar la cotidianidad sabiendo que no somos dueños de nuestras decisiones, ya que creernos responsables y artífices de nuestra conducta nos otorga un papel que nos convence de ser especiales y no un elemento más de una cadena de la naturaleza completamente regida por leyes que pueden estudiarse y, por lo tanto, hacer de nuestro comportamiento algo predecible y controlable.

Persona caminando hacia su libertad, creyéndose poseedora de libre albedrío.
El ser humano siempre ha necesitado sentirse libre y especial, dueño de todo lo que hace.

¿Qué es la libertad?

El concepto de libertad o libre albedrío se puede entender desde muchas y diferentes perspectivas. Si nos centramos en el sentido popular del término, podemos comprender la libertad como la capacidad para ser dueños de nuestro comportamiento sin ningún tipo de coerción, obligación o manipulación. De algún modo, es como asumir que somos los pilotos de nuestro propio coche, los que llevan nuestras propias riendas, las personas que están al volante en todo momento.

Desde esta mirada, es perfectamente legítimo y comprensible el sentirse libre y creer que cada decisión que se toma ha sido elegida. No obstante, si nos bajamos al terreno de la ciencia, sea cual sea, la conducta pasa a entenderse como algo determinado, o así habría de ser, pues es el determinismo uno de los axiomas clave que sustentan a las ciencias naturales.

Suscríbete a nuestro podcast en Spotify | Youtube

Si la conducta no estuviese determinada, ¿Qué sentido tendría estructurar una carrera de psicología y acudir a las facultades a estudiarla? Sería tan sencillo como ejercer desde la propia experiencia, desde el propio sesgo, desde el propio sentido común… Aunque bueno, ya, por desgracia, muchos profesionales lo hacen de este modo.

Ayme Román (filósofa), Ignacio Crespo (neurocientífico), María Xesús Froxán (psicóloga), Gladis Lee-Pereira (psicóloga) y Vicent Picó (físico) debatieron en el Psicofest Granada 2023 sobre si existe o no existe la libertad y el libre albedrío. Un debate interdisciplinar que arrojó mucha luz y pudo evidenciar las diferentes posturas que se encuentran en ámbitos académicos al respecto de la cuestión.

¿Por qué nos creemos con libre albedrío?

¿No es paradójico que asumamos que en la naturaleza se dan leyes como la de la gravedad, las cuales ya, evidentemente, no cuestionamos lo más mínimo, pero que creamos que nuestra conducta está completamente exenta de determinismo?

¿No es paradójico ver tropeles de científicos, personas dedicadas a la física, química o, por ejemplo, biología, volverse completamente animistas, dualistas, anticiencia y defensores del libre albedrío al hablar de conducta humana?

No hay ni que irse a temas tan generales como la gravedad, sino que al hablar de comportamiento animal, la mayoría de personas sí asume que éste puede estudiarse, predecirse o controlarse. Es decir, el comportamiento de los animales, o de cualquier ser vivo, está sujeto a una serie de principios y leyes. No obstante, el del ser humano no, aunque no sea más que otro animal, únicamente distinguido por su intrincado dominio del lenguaje.

Siglos, siglos y más siglos de tradición cristiana han tenido un fuerte calado en nuestra forma de concebir la realidad, repercutiendo en que sea casi imposible comprender que el ser humano pueda también no contar con libertad o libre albedrío, al menos de la forma que solemos a menudo creer.

Y ya no es solo el legado de religiones supremacistas como el Cristianismo lo que influye a la hora de comprender nuestra libertad, sino que, como han demostrado antropólogos como Aníbal Bueno, la cuestión de los mitos y las supersticiones parece ser algo extendido por todo recoveco de la especie humana. Es como si el ser humano tuviera una imperiosa necesidad generalizada por saberse especial, distinguido, poseedor de algo más abstruso que la materia, portador de un alma, un espíritu, un… (inserte cualquier concepto análogo, sinónimo o semejante que se emplee para aludir a concepciones dualistas).

Esto también no deja de ser contradictorio, ya que parece habitual erguir figuras divinas y creadoras que han dado lugar a lo que somos, lo cual nos otorga esa especialidad, ese aspecto distinguido y único que, a priori, nos mantiene impredecibles, incontrolables, ajenos a las leyes gestadas por la ciencia; pero, al mismo tiempo, el hecho de creer en estos entes tiene como función el tratar de reducir la incertidumbre, tener una falsa sensación de control, encontrar verdades y respuestas que permitan aliviar nuestra inseguridad y nuestros mayores miedos existenciales. Es decir, queriendo entender la conducta humana como algo singular y libre, se la acaba condenando a un lugar desde donde también está bajo algún tipo de control.

La última batalla de la psicología

Como señalaría Esteve Freixa i Baqué, analista de conducta y docente de formaciones online como la de Epistemología del Conductismo para enGrama, la psicología tiene como tarea librar la última batalla frente al ser humano. Lo tiene al borde del precipicio y sólo queda dar el último empujón para derribarlo y lanzarlo al lugar al que verdaderamente pertenece.

A lo largo de los siglos, con el avance de las ciencias, al ser humano le han ido hiriendo el ego, despojándole de ese trono que tanto tiempo ha estado detentando.

El heliocentrismo, la teoría de la evolución y cuestiones del tipo supusieron grandes estocadas a la idea tradicional que tenía el ser humano de su propia existencia. No obstante, pese a esas estocadas, la raigambre dualista, animista, antropocéntrica y, hablando claro, de creernos más especiales que nada o nadie, sigue vigente e imperando en nuestra sociedad.

Insistimos, puede resultar muy duro el asumir que nuestra conducta, nuestro ser en el mundo, está determinado por una serie de leyes y principios que son plenamente cognoscibles. En una realidad donde cada vez parecen existir menos certezas, el hecho de evidenciar una mayor parsimonia en lo que respecta al comportamiento humano, puede dejar a la deriva a unos cuantos.

No es fácil derribar siglos y siglos en los que ha calado muy hondo todo este tipo de tradiciones. Hemos crecido bajo un manto, bajo unas ideas, bajo un lenguaje y unas concepciones que todas ellas abocan en un mismo punto: el ser humano como ente distinguido de todo lo demás.


No es fácil, no, pero es tarea de la psicología científica el librar esa última batalla y despojar al ser humano de tal lugar. De una vez por todas, zarandearlo hasta hacerlo entender que su libertad quizá no sea tan pulcra como cree.

Nuestra conducta es estudiable, se puede predecir, se puede explicar, más allá de que lejos del meticuloso control del laboratorio, haya una infinidad de variables que complican el asunto por no poderlas controlar en su totalidad. Pero que esto sea así, que haya variables que no podamos atender, no significa que no estén regidas por leyes, no significa que haya libertad total.

¿Somos responsables de nuestros actos?

Si no existe la libertad o el libre albedrío, ¿hasta qué punto tenemos responsabilidad sobre las conductas que llevamos a cabo?

Si somos según las circunstancias, ¿hasta qué punto somos culpables de nuestros errores?

Al entender que la conducta está determinada, se abren muchos flecos que es necesario abordar y debatir con sosiego, pues pueden suponer un antes y un después en nuestra forma de concebir instituciones como las cárceles.

Sobre las cárceles, sobre su sentido y utilidad relacionado con la libertad y el libre albedrío, también se debatió en el Psicofest Madrid 2023. Ernesto Castro (filósofo), Esteve Freixa i Baqué (psicólogo), Laura Delgado (penitenciarista) y Bárbara Gómez (abogada), impartieron cátedra al abordar esta polémica desde el seno de su disciplina particular.

La moral no deja de ser algo directamente relacionado con la cultura de turno, algo erigido por consenso colectivo. No hay grandes universales en este ámbito, aunque la tradición católica nos lleve a asumir que sí. El bien y el mal son algo convenido socialmente, no algo que dictamine la naturaleza. El etiquetar un acto como bueno o malo es producto de la necesidad de una sociedad por mantener un orden y un equilibrio para el próspero devenir de sus ciudadanos.

Sí es cierto que, aunque esté claro que no hay leyes establecidas por natura al respecto, independientemente de la cultura en la que nos encontremos, parecen compartirse muchos de los valores y principios éticos más clásicos y generales. Pero que esto sea así no es evidencia de que haya una moral universal, sino más bien un síntoma de que parece ineluctable el articular determinados patrones de conducta concretos para que las sociedades puedan florecer y progresar.

Entendiendo todo lo anterior, partiendo de las premisas de que la conducta es algo determinado y de que la moral es un constructo socio-cultural, podemos establecer mejores estrategias dirigidas a la prevención y reinserción de aquellas personas que cometen actos etiquetados como inmorales o que se salen de lo sostenido como normal y civilizado. Si la conducta es resultado de la interacción del organismo con el medio (bueno, más bien es la propia interacción en sí, no el resultado como tal), podemos asumir que modificando ciertas contingencias del medio se pueden lograr cambios conductuales. Sí, las personas pueden cambiar, y para ello es crucial modificar la concepción que criminaliza al individuo y lo señala como manzana podrida, por otra que aleje un poco la mirada y se centre en lo putrefacto del cesto que contiene a tales manzanas.

Por supuesto, que las personas cambien no dependerá de su fuerza de voluntad, de su mera intención, sino que, al estar la conducta sujeta a una serie de principios, habrá que atender y jugar con esos principios, sabiendo reforzar y castigar conductas en consonancia.

No existe el destino

No debemos confundir determinismo con fatalismo o predeterminismo. Es decir, el determinismo, desde el nivel de análisis de la psicología, asume que la conducta puede predecirse y controlarse desde un prisma probabilístico. Pero esto no significa que exista una especie de sino y todo esté ya escrito, completamente inmutable y hierático. Aludiendo a Skinner, la mayor libertad sería algo así como la posibilidad de conocer las variables de las cuales nuestra conducta es función. Es decir, conociendo los porqués que subyacen a nuestro comportamiento, sabiendo qué principios conductuales nos rigen, podemos ser más libres, podemos, en cierta medida, dirigir nuestra vida o, al menos, hacer más probable que sucedan determinadas cuestiones.

Si quieres saber más…

Si te interesa profundizar más en todos estos temas, ahondar en los conceptos de determinismo, libertad, análisis funcional de la conducta, aprendizaje, función o principios de aprendizaje, te recomendamos echar un vistazo a nuestro catálogo de cursos online. Especialmente, te recomendamos los siguientes para enfocarte en estas cuestiones:

Epistemología del Conductismo

Experto en Análisis Funcional de la Conducta

Análisis Funcional de la Conducta

Filosofía de la Ciencia y la Psicología

Además, si quieres leer más artículos especializados en psicología científica, te animamos a suscribirte gratuitamente a nuestra revista digital. Recibirás contenido completamente exclusivo.

Por otro lado, si lo que buscas es ayuda psicológica, puedes consultar nuestro servicio de terapia online.

Ejercemos desde el rigor científico y siempre procurando que la consulta sea un espacio seguro donde quien acuda se sienta como en casa.

¿Has pensado en alguien a quien pueda gustar este artículo?
Ayúdanos a que llegue más lejos

Artículos recomendados

¿Nos puntúas con 5 estrellas?
(Votos: 3 Media: 5)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pedir cita

Pide cita con una de nuestras profesionales:
Información de contacto
Reserva tu cita
Y por último...