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El Lovebombing y los peligros de las etiquetas

Pareja víctima del loveboming

En esto del amor, a veces parece cierto lo que el dicho promueve, eso de que todo vale…

Y en una era donde las certezas cada vez son más líquidas e intangibles, donde gobierna la incertidumbre y donde cada vez la sobreinformación carcome en mayor medida nuestras cabezas; las etiquetas y el poner nombre a todo parece darnos una falsa sensación de control y prevención.

¿Esto es lo que ocurre con el lovebombing? ¿De dónde han salido estos términos?

Explosión de amor.

Los efectos secundarios de las etiquetas

Tratar de combatir la volubilidad con la etiqueta, tratar de encontrar paz y remanso mediante la categorización incesante, puede repercutir en ciertos daños colaterales.

Las etiquetas nos ayudan, en cierto modo, nos permiten la comunicación y el entendimiento, pero cuando pretendemos ponerle a todo nombre, cuando pretendemos tener todo bajo el control de nuestra atalaya, aparecen los peligros.

Un mal uso de las etiquetas puede ser contraproducente y acabar por generarnos, entre otras cosas, más hipervigilancia y ansiedad de la que nos alivia. A corto plazo, puede parecer una completa maravilla, pero a largo plazo estamos enredándonos en bucles y dinámicas algo perniciosas.

Mismamente, si desperdigamos este tipo de ideas vacías, podemos provocar que haya personas que tengan un miedo exagerado a relacionarse o que a la mínima abandonen el vínculo, pues pueden estar viendo fantasmas donde no hay más que humanidad. Recordemos que somos seres humanos, erráticos e imperfectos, que nos vamos a equivocar y que no nos vamos a entender con muchas de las personas que conozcamos. Constantemente, estamos aprendiendo y cambiando. Nadie nace sabiendo.

No debemos confundir lo escrito anteriormente con una especie de justificación de actos que dañan a algunas personas a la hora de relacionarse. No, una cosa es entender que somos humanos y vamos aprendiendo a relacionarnos en base a lo que vivimos, y otra muy distinta es que por ello debamos aguantar todo tipo de transgresión de límites y buscar solventar todo sin romper el vínculo que se está construyendo.

No siempre hay que aguantar. No siempre hay que dar segundas oportunidades. No siempre hay que velar por el cuidado de un vínculo que no cesa de tener conflictos o cuestiones que nos desagradan. Todo eso ya es juicio personal y depende de cómo cada sujeto conciba el amor. Lo que queremos recalcar es que etiquetar y etiquetar, o acuñar reglas y más reglas, sólo repercute en que las personas que nos leen o escuchan cada vez se relacionen de una forma más rígida e hipervigilante, sin permitirse disfrutar o exponerse a la contingencia.

¿Qué es el Lovebombing?

Este término se ha popularizado en los últimos años, y viene a definir unos patrones conductuales que se caracterizan por unas muestras exacerbadas de amor durante los primeros lapsos de relación, con el fin de enganchar y tener comiendo de tu mano a la otra persona.

Es comprensible que se busque dar nombre a según que prácticas y tratar de prevenir en consecuencia, ya que puede haber personas que por sus aprendizajes, sin ser conscientes de ello, se rijan por unas tendencias algo nocivas y alarmantes.

No obstante, seamos lógicos… En lo que respecta al amor, o a casi cualquier cosa de la vida que nos suponga novedad y sea fuente de gran gratificación, siempre hay unos momentos iniciales de mayor entusiasmo y pasión. A medida que pasa el tiempo, aparece la saciedad, la habituación y la rutina.

Como refrenda Santiago Benjumea, eminencia de la Psicología del Aprendizaje y docente del curso de Experto en Análisis Funcional de la Conducta, cualquier versión del amor romántico y todo su calado, implica que el amor es para toda la vida, pero, aunque no negamos que esto pueda ser así, pues habría que definir bien qué entendemos por amor; existe la habituación y la vez 87 que estás con tu pareja, no es igual de intensa que la vez 1.

Queramos o no queramos admitirlo, nuestra conducta no es libre y se rige por una serie de leyes que no podemos eludir. Con esto no pretendemos decir que toda relación esté condenada al fracaso, simplemente debemos revisar nuestra concepción del amor y no caer en idealizaciones baratas.

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Menos forma y más función

Hoy día parece que si añades -ING a cualquier palabra, ya puedes formar un nuevo concepto y una nueva etiqueta para delimitar según qué patrones conductuales.

Otro de los problemas de esta sobre-etiquetación, es que se basa siempre en la topografía de las conductas, en su forma, en el envoltorio de la misma, en aquello que podemos observar. Y, en lo que respecta al comportamiento, basar la etiquetación en la formalidad, tiende a ser peligroso.

Una persona puede estar mostrando mucho amor al principio por motivos muy diferentes a los que lo haga otra. Hay que analizar la función subyacente, y dejar a un lado la forma que tiene la conducta de turno.

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Imaginemos que Raúl está conociendo a Esther, y al principio se muestra super amoroso, hace constantemente regalos y busca sorprenderla todo el rato.

Probablemente, no es que Raúl sea un psicópata estratega que tiene todo medido y pensado para embaucar a Esther. No, simplemente es una persona que, por sus aprendizajes vitales, su contexto actual y la interacción concreta con Esther, la cual posee otros aprendizajes que no debemos obviar; se relaciona de esa manera tan intensa.

Sin embargo, con el paso del tiempo, Raúl va dejando de ser tan intenso y mostrando menos afecto.

Entonces, nos saltan las alarmas… NOS ESTÁN HACIENDO LOVEBOMBING.

Pues no, o sí… ¿Qué más da? Si lo pensamos, ¿Qué nos aporta realmente el llamarlo así?

Lo que debemos tener claro es que las personas normalmente no se comportan de una manera minuciosamente estudiada, sino que emiten conductas debido a todo el bagaje previo que han acumulado en sus vidas, sin ser ni remotamente conscientes de por qué o para qué hacen lo que hacen.

Desde el juicio personal de cada uno, podemos pensar que Raúl no ha hecho las cosas bien, y está perfecto, eso dependerá de la concepción subjetiva de cada individuo. Ergo, podemos pedir a Raúl que tome conciencia y trate de cambiar tales patrones conductuales que están acarreando problemas. Sí, podemos, no hay inconveniente con eso. El problema aparece cuando pretendiendo hallar una explicación que nos calme todo ese malestar que nos genera que Raúl ya no muestre la misma cantidad y calidad de amor, caemos en etiquetas vacías que señalan al individuo como una especie de ente maligno.

Podemos también irnos a otros casos… Imaginemos ahora que transcurre el tiempo, y una tal Susana es la que está conociendo a Esther. Ésta en un primer momento repite patrones que ya llevaba a cabo su ex, nuestro querido Raúl. Claro, a Esther le saltan las alarmas, pues ha visto por TikTok que eso que le están haciendo es otra vez Lovebombing. Una vez más, debe salir de ahí a toda costa y no tratar de poner remedio…

Estamos analizando conductas en base a su morfología. Son calcos, son idénticas, por lo que asumimos que se están llevando a cabo por el mismo motivo. Y no, quizá no, quizá es que Susana ha ido conociendo más a Esther y ya no se siente tan atraída, por lo que su motivación ha menguado. No es que Susana esté urdiendo un plan malévolo para atrapar en sus telarañas a Esther. No, simple y llanamente, se ha cansado, ha perdido las ganas. Y en lo que respecta a Raúl, pues quizá es que en ese tiempo aumentaran sus exigencias laborales y no tuviera tanto hueco o tanta energía para dedicar a Esther. Las explicaciones pueden ser múltiples y merecen de un análisis funcional.

Otros mitos sobre el Lovebombing y derivados

Inclusive, cuando se habla sobre el lovebombing y demás etiquetas, se suele hacer de manera que se tilda de psicópata, narcisista y malévola a la persona que está llevando a cabo tales conductas.

Se habla de todo ello como si la persona fuera consciente y hubiera bosquejado un plan premeditado acerca de cómo va a manipular y someter a la otra persona.

En la mayoría de los casos no es así. La persona también está sujeta a unos aprendizajes, los cuales no justifican, pero sí explican su comportamiento. No suele haber voluntad o premeditación, sólo principios de aprendizaje operando en una historia de vida particular.

Por supuesto, el pensar que el otro es malo o enfermo y ha actuado premeditamente, nos protege.

  • Nos ayuda a establecer una dicotomía entre ellos y nosotros, entre malos y buenos.
  • Nos hace sentir más lejana la amenaza de poder caer nosotros también en esos actos.
  • Nos hace creer menos vulnerables y susceptibles de cometer aquello que tanto estamos criticando.
  • Nos alivia el malestar de no entender por qué nos han tratado mal, ya que poner esencia en el otro, creerlo malo por naturaleza brinda respuestas más fáciles y asumibles.

Si necesitas ayuda…

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Marcos de Andrés Ortega

Dedicado a la coordinación del proyecto de enGrama, a la creación de contenido divulgativo y formativo, y a todos aquellos aspectos que impliquen atención al cliente, comunicación y redes sociales.Estudié trabajo social y psicología, para acabar por especializarme en el enfoque del análisis funcional de la conducta, el cual se ha convertido en un prisma desde el que concebir mi realidad. Más sobre Marcos de Andrés
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