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¿Qué es el amor?

Psicóloga investigando el amor desde la psicología

El amor… ¿Qué es el amor? ¿Qué es para ti el amor? ¿Qué es aquello que para tantas personas mueve montañas y derriba fronteras? ¿El amor todo lo puede? ¿Podemos morir por amor?

No es sencillo definir el amor, es un concepto subjetivo cuyo significado varía según la persona con la que estemos hablando. Hay tantas definiciones para el amor como personas en el mundo.

Aseverarían los poetas románticos que la pasión y el amor son todo aquello por lo que merece la pena vivir y desvivirse. El amor romántico es, posiblemente, la visión que más ha calado en los últimos siglos y la cual aún sobrevive e influencia a muchas generaciones en Occidente.

El amor según la ciencia

Efectivamente, el amor puede tener diversos significados y entenderse de maneras muy divergentes. No obstante, es interesante plantearse cómo se concibe el amor desde la ciencia. Más concretamente, en este artículo, nos centraremos en la perspectiva del amor desde la psicología conductista.

Santiago Benjumea, psicólogo conductista que dedicó más de 40 años de su vida a la docencia en Psicología del Aprendizaje, Análisis de Conducta, Aprendizaje Complejo y Cognición, en la Universidad de Sevilla (1978 – 2022), fue el protagonista de nuestro podcast “El amor para un psicólogo conductista”. En este episodio 132 de nuestro programa, Santiago comparte perspectivas sobre temas como las técnicas de los gurús de la seducción, el reforzamiento intermitente en relaciones amorosas, la existencia de personas tóxicas, la naturaleza de los celos o los mitos del amor romántico.

Santiago, además, es conocido por su labor investigadora en el laboratorio de conducta animal de la facultad de psicología de la Universidad de Sevilla y por ser miembro de la Sociedad para el Avance del Estudio Científico del Comportamiento (SAVECC). Cuenta con gran experiencia a sus espaldas y un Curso de Experto en Análisis de la Conducta disponible en la web enGrama donde lega todo el aprendizaje cosechado durante tantas décadas.

Basándonos en aportes como los legados por Santiago Benjumea u otros psicólogos científicos, vamos a tratar de abordar en este artículo diferentes cuestiones relacionadas con el amor.

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¿Cuáles son los componentes del amor?

No hay una receta mágica, no está claro qué compone el amor. Psicólogos como B. F. Skinner, entendían el amor como el intercambio de reforzadores entre personas. Esta concepción, aunque relativamente acertada, queda algo ambigua y genérica, ya que intercambio de reforzadores se da constantemente en la vida cotidiana sin necesidad de hablar de amor. Y, por otro lado, en el amor hay muchos otros aspectos que deben ser tenidos en cuenta.

A menudo, se alude a la Teoría Triangular del autor Robert Sternberg para delimitar los componentes del amor, sosteniendo que la intimidad, la pasión y el compromiso son los pilares que lo definen.

Sí, podría decirse que estos componentes suelen ser habituales en las relaciones amorosas, pero si de verdad queremos entender científicamente qué es el amor, debemos operativizar y tratar de desgranar qué implican estos términos.

Por otro lado, el contacto físico, e incluso las relaciones sexuales, pueden ser para algunas personas aspectos cruciales y determinantes en los vínculos amorosos, pero probablemente el amor sea algo que va mucho más allá y trasciende estas realidades. Como siempre, dependerá de la persona y los aprendizajes que haya cosechado a lo largo de su vida.

A nuestro parecer, y entendiendo que la conducta y personalidad de los individuos depende de sus vivencias e interacción en el mundo, el amor es algo que se hace, que se va construyendo, que acomete una relación entre dos o más personas donde se da un intercambio de comportamientos y demás estímulos que acaban haciendo que la presencia del otro resulte agradable o reduzca de forma considerable algún malestar.

Nos gusta, nos interesa, nos llena el que la otra persona comparta su tiempo con nosotros.

No es amor, es una obsesión

Como diría la canción, lo que tú sientes no es amor, es una obsesión. Cuando hablamos de amor, debemos diferenciar lo que es amor y lo que es enamoramiento.

Santiago Benjumea plantea una idea provocativa en nuestro podcast:

“Yo creo que no hay amor cuando hay enamoramiento”

Argumenta que el enamoramiento es esencialmente un estado de egoísmo, donde cuando uno se enamora de alguien, se convierte en una persona absolutamente egoísta debido a que sólo busca su propio interés, queriendo más ser amado que amar.

Santiago desafía la noción de que el verdadero amor surge instantáneamente, señalando que el enamoramiento inicial busca solo, a fin de cuentas, la satisfacción personal.

Esta primera fase, caracterizada por una idealización intensa, puede ser un obstáculo para alcanzar un amor “genuino” y recíproco.

Cuando idealizamos a alguien, lo que está sucediendo es que subimos a un pedestal a una persona que no necesariamente existe. Nos enamoramos de nuestra expectativa, nuestras creencias y nuestras ganas de amar. Estamos rellenando huecos, lagunas de conocimiento, tratando de lidiar con la incertidumbre y de ganar sensación de control sobre un estímulo que es novedoso para nosotros. Ya sabemos que al ser humano eso de intentar predecir y controlar la conducta propia o de los demás, le gusta bastante.

Existen multitud de variables que pueden predisponer al sujeto a enamorarse e idealizar con mayor o menor facilidad. Estas variables disposicionales son entendidas como operaciones motivadoras y hablan más de nosotros mismos que de la persona de la que nos estamos enamorando, hablan más de nuestra privación o saciedad, que de las características de nuestro nuevo amor.

Red flags vs Green flags

Se ha puesto de moda el categorizar y etiquetar a la ligera, y esto no va a ser menos en lo que compete al amor. El uso de terminología como red flag, puede tener un sentido y una utilidad coherente a modo de prevención al mostrarse alerta ante ciertas conductas. No obstante, es peligroso, pues puede abocar en una perpetua hipervigilancia que no permita el fluir de las relaciones.

Especialmente, en las últimas décadas, nos ha dado por juzgar comportamientos en base a su morfología, sin tener en cuenta la función subyacente. Para el Análisis Funcional de la Conducta, desde el cual enfocamos este artículo, es importantísimo el debate de forma vs función, ya que se puede estar etiquetando un o una serie de comportamientos sólo por su apariencia similar, pese a que lo que haya detrás no tenga nada que ver.

Para que esto se entienda mejor, imaginemos dos escenarios a modo de ejemplo:

Susana y Lucía se empiezan a conocer. Al tiempo, Susana, sin articular explicación alguna, deja de hablar con Lucía, propiciando un shock en ésta.

Cuando Lucía se lo cuenta a sus amigas, le dicen que menuda red flag, que es increíble que las personas puedan hacer ghosting así sin ton ni son.

Por otro lado, tenemos el caso de Rodrigo y María. Ocurre lo mismo, se empiezan a conocer y, al tiempo, María desaparece.

Aparentemente, en ambos casos la conducta es la misma. Si nos fijamos en el envoltorio, en la apariencia, en lo superficial del comportamiento, en aquello que denominamos topografía; las conductas son idénticas. Sin embargo, debemos ir más allá y analizar la función que subyace a ambas conductas. Haciendo esto, veremos que hemos juzgado de la misma manera algo que no es para nada semejante. Por un lado, Susana dejó de hablar con Lucía porque se le había perdido el móvil y no tenía otra opción para contactar, mientras que María dejó de hablar con Rodrigo porque se agobió y prefirió eludir el afrontamiento del conflicto que podía generar el ser asertiva y comunicar su malestar.

El refuerzo intermitente en las relaciones

Hablando de red flags, algo que se ha estipulado como una es el tema del refuerzo intermitente en las relaciones amorosas. Y esto tiene varias aristas que deben ser aclaradas…

En primer lugar, hemos de entender que el refuerzo intermitente alude a un término técnico derivado de programas de reforzamiento que, específicamente, se dan en contextos de laboratorio de psicología. Como ocurre con muchos otros términos, el refuerzo intermitente se ha visto popularizado hasta pervertirse y vulgarizarse, viéndose desproveído de sus acepciones más precisas. Autores como Eduardo Polín, experto en Psicología del Aprendizaje, han enfatizado, a menudo, en diferentes congresos, véase Psicofest, en los peligros de la imprecisión terminológica. Por motivos como éste, es que es tan difícil divulgar en psicología, ya que todo el mundo se comporta y por ello cree saber de comportamiento… Es muy sencillo que se perviertan los términos técnicos y se mezclen con el lenguaje popular.

En segundo lugar, hay que apuntillar el hecho de que, hablando en términos laxos, todo cuanto ocurre en nuestra cotidianidad está sujeto a reforzamiento intermitente. Es completamente utópico pensar en que algo en la naturaleza sea fruto de un reforzamiento continuo.

En tercer y último lugar, sí, una vez aclarado lo anterior, podemos afirmar que el reforzamiento intermitente describe vínculos en donde predomina la ambivalencia, la intermitencia y la incertidumbre. Esto, habitualmente, engancha y conduce a la persona víctima de la situación a estar constantemente en búsqueda del reforzador, como si se tratase de una rata carpanta en un laboratorio pulsando desesperada una tecla para conseguir un pellet de comida.

Dar una de cal y una de arena, utilizando estrategias que podríamos denominar de reforzamiento intermitente, acaba generando eso que llamamos dependencia emocional. Todo se vuelve más imprevisible. No sabes cuándo tu caricia va a ser correspondida con un gesto de aprecio o con una mirada de completo desdén.

No obstante, aunque este tipo de vinculaciones amorosas pueda parecer que surten efecto, y esto implique que tantos gurús de la seducción se pongan a prodigar estas ideas para enseñar a ligar, no recomendamos emplear conscientemente estas estrategias, pues a largo plazo desencadenan conflictos y un fuerte malestar en una o ambas partes de la relación.

¿Por qué se pierde la llama del amor?

Cuando nos referimos a que la llama del amor se está apagando, normalmente estamos aludiendo, de forma volitiva o no, a la ley de la habituación, uno de los muchos principios que rige la conducta humana, porque sí, nuestra conducta, nos guste o no, está sujeta a una serie de leyes, está determinada y no es libre.

A medida que pasa el tiempo, el efecto que produce la presencia del otro es cada vez menor, y es muy difícil combatir contra eso. Se pueden hacer cosas para mantener viva la llama, pero, como decíamos, la conducta de todo individuo está sujeta a una serie de principios y leyes, como explica Esteve Freixa i Baqué en la formación de Epistemología del Conductismo que imparte online por nuestra web.

Por todo esto es que es difícil lidiar una batalla contra algo que nos rige por natura. Si lo que queremos es vencer a la habituación y no perder esa llama, habremos de buscar la novedad, de frecuentar nuevos contextos, de generar situaciones que estimulen y aviven.

Muchas personas acuden a terapia de pareja para tratar de poner solución a sus problemas, pero que la habituación llegue, no tiene por qué ser asumido como un acontecimiento atroz y catastrófico. No, la habituación puede traer tranquilidad, sosiego y estabilidad. En ocasiones, una relación de años y más años donde no se da habituación y donde sigue habiendo estados de ansiedad que confundimos con enamoramiento, puede ser síntoma de que algo no funciona del todo bien.

Igualmente, Santiago Benjumea enfatiza la importancia de abordar activamente este problema y ofrece estrategias valiosas. Discute cómo la familiaridad puede conducir a una disminución de la apreciación mutua, destacando la importancia de mantener la novedad y la gratitud en la relación para contrarrestar este efecto de habituación y pérdida de llama del amor.

Mitos del amor romántico

El calado del amor romántico, incluso en estos tiempos de amor líquido, como diría el difunto sociólogo Zygmunt Bauman, es muy fuerte y vigente, propiciando una serie de expectativas y reglas socioculturales sobre las relaciones de pareja que a menudo acarrean conflicto.

Algunos de estos mitos del amor romántico son:

  1. No puedes amar a dos personas a la vez
  2. Los celos son necesarios y síntoma de amor verdadero
  3. El amor todo lo puede y ha de ser de por vida
  4. El amor implica posesión
  5. Todos tenemos una media naranja en algún lugar
  6. Si una ruptura no duele, no se amaba lo suficiente

Vamos a centrarnos en algunos de estos mitos…

¿Por qué sentimos celos?

Las personas pueden ser más o menos celosas según su historia de aprendizaje, según todo el bagaje de experiencias que hayan ido acumulando.

Sentir celos no es tóxico, como se suele promulgar. El problema con los celos no es sentirlos, sino actuar movido por los mismos y dejarse llevar por estos, ocasionando conductas pasivo-agresivas, violentas, manipulativas o de chantaje emocional.

Los celos nos advierten de un peligro, pero no siempre encuentran una justificación lo suficientemente racional como para que los hagamos caso. Por todo esto, es que cobra tanta importancia la idea de comunicar y mantener un diálogo fructífero a lo largo de la relación entre sus miembros.

El amor para toda la vida

Tendemos a comprender las rupturas amorosas como fracasos. Creemos que hemos de alcanzar el final del cuento y ser felices comiendo perdices. Las narrativas que nos han ido amenizando a lo largo de nuestro crecimiento, se nos pueden volver en contra, por estar ahítas de mitos y falacias.

Que algo acabe, no quiere decir que sea un fracaso. Las relaciones son etapas y no por cerrar una etapa debemos poner un candado a los recuerdos e ir directos a beber del Lethe para olvidar todas y cada una de las vivencias compartidas.

En lo que respecta a las rupturas, Benjumea incide en la importancia de escoger una buena ex pareja. Es decir, fijarse ya cuando se está en relación en cómo esa persona sería como ex. Esto puede alivianar el proceso de quiebra de la relación y convertirlo en algo asumido como natural y necesario cuando surge el conflicto, y no como motivo de inicio de guerra.

Buscando nuestra media naranja

No hay seres en el universo que vengan preprogramados para encajar perfectamente con nuestra persona, como si de una pieza de puzle se tratase.

El amor se hace, se va construyendo. De nada sirve abogar por constantes lunas de miel y perpetuos días de San Valentín, pues lo importante en el amor es conocer a la otra persona, discutir en buenos términos si es necesario, para acabar por ser dos naranjas que deciden estar en un mismo árbol, ser fruto de una misma rama, no tanto ser dos mitades incompletas que sólo encuentran su sentido si es en compañía.

Todo duelo, duele

O no, quizá no.

Hay rupturas que defenestran a la persona, que la destierran a lugares de penumbra y ostracismo, incubando duelos que se prolongan tanto en el tiempo que requieren de ayuda psicológica para salir adelante.

Sin embargo, hay otros duelos más silenciosos, que se dan en medio de la relación, conllevando esto que, al poner fin al vínculo, no se sufra tanto y parezca que no existe tal duelo. Esto encima suele ser chirriante para la persona que lo experimenta, pues le hace creer que no quería a la otra persona. Y quizá sí, quizá la quería muchísimo, pero el duelo lo hizo durante la relación, y no después, como es usual.

Como clarifican Julia Moreno y Sarah Belén Olarte en su ponencia para Psicofest Madrid 2023, los abrevaderos de la cultura han ido alimentando una romantización excesiva del proceso de duelo.

La infidelidad y el traspaso de los límites consensuados

La infidelidad es, probablemente, uno de los principales motivos por los que surgen las rupturas, o por los que una pareja se plantea ir a terapia. Suele ser difícil recobrar la confianza inicial en la otra persona, pues se han cercenado los límites consensuados. Cuando alguien traspasa unos límites que se consideraban justos y dignos, es usual que por la otra parte se reaccione con ira, rencor o rabia, pues son emociones desagradables, pero, como toda emoción, cumplen una función. En este caso, probablemente, la función generalizada que se da en la mayoría de los casos con estas emociones es la de movilizar frente a la injusticia. Si sientes rencor hacia alguien, te estás protegiendo. Pasas a dar más relevancia a los aspectos malos de esa persona y, así, se hace más sencillo alejarse.

En los momentos en los que brota el conflicto, muchas parejas tienden a separarse y darse tiempo y espacio. Santiago Benjumea advierte sobre los peligros del distanciamiento extremo. Por su parte, considera que si éste se da sin mayor “competencia”, es decir, por ejemplo, en una isla desierta, pues puede ser una buena opción, pero que si se lleva a cabo en la vida real, donde se está en constante interacción con otras potenciales parejas; lo mismo el remedio no acaba siendo panacea, sino todo lo contrario. Quizá, sea mejor enfrentar el conflicto juntos, si es que se quiere resolver, buscar ayuda psicológica o, directamente, tomar la decisión de romper el vínculo.

Comunicar, pero no sobrecomunicar

Sinceridad, pero no sincericidio.

Comunicar parece ser un aspecto muy relevante para construir relaciones sólidas y estables. El problema brota cuando se pasa la línea de la comunicación y se cae en sobrecomunicar.

Cuando sobrecomunicamos, básicamente estamos rumiando en voz alta, rumiando en conversación con la otra persona, exponiendo miedos e inseguridades a diestro y siniestro, sin filtro ni purga alguna. Esto puede ser pernicioso, provocar dolor en el otro, o, incluso, alimentar una y otra vez los mismos bucles que sólo buscan control sobre lo incontrolable.

¿El tiempo todo lo cura?

“El tiempo no cura nada, cura lo que hagas durante ese tiempo”, afirma Benjumea, desmitificando la creencia popular de que el tiempo por sí solo es suficiente para superar las heridas emocionales. En su lugar, promueve una visión activa del crecimiento y la recuperación personal.

La noción fundamental es que el simple transcurrir del tiempo no garantiza la curación; en cambio, la acción deliberada y consciente durante ese período se vuelve esencial para avanzar en el proceso de recuperación. Si nos movilizamos y ponemos a hacer cosas, aumentaremos la probabilidad de estar mejor. Los cambios no vienen de la nada, sino que emergen de la interacción del organismo con el medio, o lo que es lo mismo, del comportamiento.

Si quieres profundizar más…

Todo esto y mucho más, se expone con detalle a lo largo del podcast con Santiago Benjumea. Además, si estás interesado/a en profundizar muchísimo más en los mecanismos que rigen la conducta humana, tenemos un curso de experto en Análisis Funcional de la Conducta con Santiago disponible en nuestra web, que dispone de dos extensos módulos que se pueden adquirir por separado:

Por supuesto, éste no es el único curso con el que contamos, sino que disponemos de un amplio catálogo de cursos en donde puedes formarte en diferentes ramas de la psicología científica. Por otro lado, si lo que quieres es leer más y más, te animamos a suscribirte a nuestra revista digital, en donde lanzamos artículos semanales de forma completamente exclusiva.

Además, si algo del artículo te ha removido por sentirte identificado y tienes la sensación de que debes iniciar un cambio, bien sea por cuenta propia o junto a tu pareja para reconstruir la relación, puedes consultar nuestro servicio de terapia online psicológica. Ejercemos desde el rigor científico y siempre procurando que la consulta sea un espacio seguro donde quien acuda se sienta como en casa.

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Marcos de Andrés Ortega

Dedicado a la coordinación del proyecto de enGrama, a la creación de contenido divulgativo y formativo, y a todos aquellos aspectos que impliquen atención al cliente, comunicación y redes sociales.Estudié trabajo social y psicología, para acabar por especializarme en el enfoque del análisis funcional de la conducta, el cual se ha convertido en un prisma desde el que concebir mi realidad. Más sobre Marcos de Andrés
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