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Celos: qué son y cómo gestionarlos

Pareja sintiendo celos

Los celos, ese tan criminalizado término que, con solo escuchar su nombre, nos saltan las alarmas y lo asociamos ya con relaciones disfuncionales.

Pero… ¿Es esto coherente? ¿Tiene sentido que así sea? ¿Es malo sentir celos?

¿Qué son los celos?

Podemos entender los celos como una reacción emocional. Por lo tanto, como toda emoción, está ahí por y para algo. En este caso, podríamos suponer que los celos se originan para alertarnos de algún tipo de peligro, amenaza o injusticia.

Aprendemos a reaccionar celosamente ante situaciones donde percibimos que podemos ser reemplazados, que nuestros privilegios pueden llegar a su fin, que la situación o condición en la que nos hallamos puede verse amenazada y estar sujeta a cambio.

Santiago Benjumea, psicólogo conductista y docente del curso de Experto en Análisis de Conducta, comentaba en el podcast de enGrama, en el cual charlábamos sobre su visión del amor, que es normal sentir celos, que a fin de cuentas “competimos” unos seres contra otros y hay una serie de conductas, bien derivadas de la filogenia, o bien de la ontogenia, que se emiten con el fin de posicionarse por encima del otro en diversidad de campos sociales o relacionales.

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Puede haber personas más o menos celosas, incluso algunas que, por lo arraigado de sus aprendizajes, por todo aquello transitado en su historia, pueden sentir eso que popularmente se concibe como celos patológicos. Así, dependiendo de las experiencias previas, se va constituyendo nuestra forma de relacionarnos con las otras personas.

Estos aprendizajes y esta forma de reaccionar y funcionar en el mundo, se va expandiendo y generalizando a otros ámbitos de la realidad. También, como somos seres volubles en constante cambio, no somos de una manera hierática y fija, podemos aprender a ser celosos en unos terrenos, pero todo lo contrario en otros, o podemos ser celosos con determinadas personas y en ciertos momentos de nuestra vida, pero no serlo en otros o con otras personas. Quizás seamos individuos tremendamente celosos en el amor, pero muy desapegados en la amistad, o viceversa.

Los celos no son malos

Según la época y la sociedad en las que nos encontremos, podremos observar cómo los celos son más o menos criminalizados, más o menos idealizados. Y es que, no podemos obviar que ha habido tropeles de generaciones que se han criado con la idea de que los celos son deseables y un síntoma de amor sano y puro, un indicio claro de que la otra persona te importa. Y, por otro lado, hay otras tantas generaciones con esa idea proveniente del amor romántico algo más deconstruida, entendiendo así los celos como algo a evitar, algo muy muy malo, que sólo emana en “personas tóxicas“, sea lo que sea eso.

Pero los celos no son malos en sí. Son una forma de reaccionar ante el mundo que proviene de nuestra historia filogenética y ontogenética. No tenemos la culpa de sentir o no sentir celos. No es algo que controlemos y que esté en nuestras manos. Ergo, el problema no es sentir celos, sino no saber gestionarlos, dejarse llevar por la emoción y acabar actuando de una manera que puede ocasionar conflicto o desavenencia.

Los celos son una especie de mezcla de emociones, un totum revolutum con ingredientes como la ira, la rabia, la frustración o, principalmente, el miedo. Y movidos por el miedo, desde la inseguridad, si no sabemos cómo manejarlo, podemos acabar comportándonos de un modo agresivo, violento, pasivo-agresivo, chantajista o manipulativo.

Algunas personas más, otras menos, dependerá, principalmente, de su historia previa, de lo que haya resultado adaptativo en el pasado; pero todas en algún momento sentimos celos y nos comportamos de manera injusta con la otra parte.

Es común lanzar frases victimistas, perder el control o manipular cuando la emoción nos domina. Sin embargo, que sea común no quiere decir que no pueda estar sujeto a modificación. La psicología no va de moralismos, ni de decir a la gente lo que es bueno o malo para sus vidas, pero sí podemos decir que, a priori, actuar desde tales escenarios de nula gestión emocional, es probable que no nos reporte mayor bienestar a largo plazo y, encima, por si fuera poco, no nos haga vincularnos de una manera efectiva con los demás.

Habrá personas que aprendan por sí solas, mediante el cúmulo de pasajes e interacciones, a manejar mejor los celos u otras emociones semejantes; pero otras tantas necesitarán de ayuda psicológica para avanzar en el proceso.

En resumidas cuentas, los celos no son malos, no elegimos sentirlos. Lo que puede ser malo es todo aquello que hagamos movidos por la inquietud y el desasosiego que nos genera la emoción.

Chica sintiendo celos

Los celos como respuesta adaptativa

En ocasiones, los celos pueden estar perfectamente justificados, y ser una señal que nos alerta de que quizá se esté cometiendo una injusticia o se estén traspasando los límites que hemos establecido en una relación.

Sentir celos puede ayudar a movilizarnos y darnos cuenta de que hemos de salir de un vínculo. Esa incomodidad puede estar diciéndonos algo. Las emociones desagradables también tienen su lugar y relevancia.

Los celos suelen ser sinónimo de desconfianza e inseguridad. Esto puede provenir de la mochila previa que la persona ya trae consigo, de lo anterior que haya vivido en su vida, en cualquiera de los ámbitos, no sólo en el plano amoroso; o puede ser más bien fruto de la forma de comportarse que está teniendo la parte con la que uno se vincula. Es decir, los celos siempre se dan por algo, pero a veces hablan más de nuestro pasado y otras lo hacen más de nuestro presente. Los celos siempre tienen una razón de ser, pero a veces nos alertan de injusticias y otras sólo son el eco y las sombras de aprendizajes pretéritos.

Sea como sea, es decisión de la persona el decidir trabajarlo, el querer comenzar terapia, bien sea terapia individual o terapia de pareja, el salir de la relación o el darle o no darle importancia. Cada persona es un mundo y tiene una forma de vincularse, que nos puede parecer mejor o peor desde nuestra mira subjetiva, pero es su forma, su aprendizaje y su vida.

¿Cómo gestionar los celos?

Como siempre decimos, aunque desde muchas cuentas de psicología se pretenda vender la moto, no hay una respuesta panacea en la mayoría de los casos. Todo depende de cada persona, de su historia de vida.

La gestión de los celos puede efectuarse de maneras muy divergentes, y en contextos naturales o contextos de terapia psicológica donde un profesional guíe y oriente en el proceso.

Cuando una persona quiere trabajar los celos que siente y dejar de ser una persona celosa, pues eso no sólo genera malestar en la otra parte, sino que habitualmente quien más lo sufre es la propia persona que experimenta la reacción emocional; se suelen escuchar discursos baratos y facilones como:

  1. Valórate más y haz crecer tu autoestima.
  2. Ten más amor propio.
  3. Si la otra persona hace algo, es que no merecía la pena.
  4. Flexibiliza y suelta.

Todos estos mensajes tienen parte de verdad, no son completamente erróneos, y es que el sentido común muchas veces acierta. El problema que surge de ellos es que son cuestiones muy abstractas, poco llevadas a tierra, prácticamente imposibles de poner en práctica si no se concreta mejor, pues… ¿Qué narices es eso del amor propio o cómo se cuida la autoestima?

Por esto es tan importante operativizar términos y no apelar a constructos que parecen salir de la nada. Por ejemplo, si hablamos de autoestima, hemos de entender que es algo que no sólo depende de la propia persona, sino que está contaminado siempre por terceros, ya que somos y nos miramos en base a cómo nos mira el otro.

Y sí, por supuesto que cuidar la autoestima puede ayudarnos a ser personas menos celosas, pero ese “cuidar la autoestima”, se ha de traducir en conductas concretas.

En artículos antiguos como el de ¿Cómo mejorar mi autoestima?, recalcábamos algunas de las conductas que pueden emitirse para acabar fortaleciéndonos y sintiéndonos menos vulnerables. Muchas de esas conductas van encaminadas al hecho de diversificar, a la importancia de no ser un ente monolítico e involucrarse en muchas facetas. Así, si somos muchas cosas, si nuestra vida no gira en torno a un solo área o a una sola persona, es más probable que todo aquello que construyamos no se vea derribado ante el mínimo soplo de viento.

La importancia de la comunicación

Comunicar nos permite llegar a acuerdos, fijar límites, consensuar lo que queremos y lo que no queremos en una relación. Lo que no se comunica, no existe, ya que podemos pensar que hay cosas que se sobreentienden, pero esto nuestra mera hipótesis, y no sabemos con certeza cómo lo concibe la otra parte.

Si mejoramos la comunicación, podemos estar previniendo malentendidos y problemas futuros, logrando, de algún modo, sentirnos más estables y seguros dentro del vínculo.

Pero la comunicación no se debe dar de cualquier manera. No es cuestión de comunicar por comunicar, pues como mencionábamos en nuestro artículo sobre el amor, una mala gestión de comunicación o un exceso de la misma, puede conducir a la quema de la relación, a ocasionar más conflictos que soluciones.

Cuando sobrecomunicamos, lo que está sucediendo es que intentamos, seguramente sin ser conscientes, controlar lo incontrolable, ganar seguridad en la situación. La comunicación nunca se ha de convertir en una rumia en voz alta. Eso sólo abocará en bucles e incendios que tornarán todo cada vez más infértil.

Sentir celos no es de personas tóxicas

Para empezar, los celos no se eligen, pero además, es que si se dan es por un significado concreto, por algo que ocurre u ocurrió. Sentir celos no nos hace personas tóxicas.

Es más, es preferible no utilizar terminología de tal índole, pues las personas no son tóxicas, sino que pueden tener conductas más o menos perjudiciales, según el momento, la persona y el contexto.

Si hablamos de personas tóxicas, podemos acabar poniendo una especie de esencia en el sujeto, de manera que parezca que tal persona no puede cambiar, no puede comportarse de otro modo, pues allá donde va contamina e infecta. Y esto no es así, pues lo que somos está en constante cambio y siempre es dependiente del contexto.

Si necesitas ayuda…

Si quieres iniciar un cambio y aprender a gestionar tus celos, o mejorar la confianza en ti misma o en tu pareja, si tus esfuerzos haciéndolo por tu propia cuenta acaban siendo en vano, puedes consultar nuestro servicio de terapia online psicológica. Ejercemos desde el rigor científico y siempre procurando que la consulta sea un espacio seguro donde quien acuda se sienta como en casa.

Por otro lado, si lo que te apetece es ahondar más en cuestiones abordadas en este artículo o similares, como el de autoestima, amor, celos, emociones o análisis funcional, puedes echar un vistazo a nuestro catálogo de cursos o suscribirte gratuitamente a nuestra revista digital, en donde enviamos artículos semanales de forma completamente exclusiva.

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Marcos de Andrés Ortega

Dedicado a la coordinación del proyecto de enGrama, a la creación de contenido divulgativo y formativo, y a todos aquellos aspectos que impliquen atención al cliente, comunicación y redes sociales.Estudié trabajo social y psicología, para acabar por especializarme en el enfoque del análisis funcional de la conducta, el cual se ha convertido en un prisma desde el que concebir mi realidad. Más sobre Marcos de Andrés
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2 comentarios

  1. No basta con quedarse en la etiqueta, hay que entender por qué nos comportamos si queremos mejorar y solucionar los problemas de manera efectiva. En conversaciones coloquiales, las generalizaciones no tienen porqué presentar ningún problema, pero cuando queremos ser precisos y analizar cuidadosamente una situación, nos suelen llevar a errores. Los celos, sobre todo en el mundo de la pareja, son un elemento que siempre puede aparecer y entenderlo puede marcar la diferencia entre una “buena” relación y una “mala” relación.

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