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Tipos de apego: ¿El nuevo horóscopo?

Chica con apego inseguro lamentándose.

En los últimos tiempos la teoría del apego se ha popularizado, sobre todo viéndose catapultada por medios como las redes sociales, donde influencers y divulgadores hablan de ella hasta en la sopa. Esto, por supuesto, ha calado en el imaginario colectivo, hasta el punto de que el apego se ha convertido en el nuevo horóscopo, con los peligros que eso conlleva. Muchas personas ya acuden a terapia psicológica planteando de antemano cuál es su tipo de apego y relacionando sus problemas con tal etiqueta.

Pero… ¿Realmente esta teoría tiene fundamento y es útil para entender nuestra conducta o la forma que tenemos de vincularnos con los demás?

Chica con flores saliendo de su cuerpo, simbolizando cómo hacemos de los tipos de apego algo inherente y esencialista.
No podemos hacer de los tipos de apego algo inherente y esencialista.

¿Qué es el apego?

La teoría del apego fue constituida por John Bowlby en torno a los 1970-1980. El psicoanalista inglés pretendió con ella describir las consecuencias que tienen en las personas todas las experiencias tempranas que se dan con sus cuidadores o figuras de referencia. Es decir, cómo influye el vínculo que tenemos con nuestros padres o tutores en nuestra futura forma de vincularnos en relaciones.

Otros psicólogos, como Mary Ainsworth, ampliaron aún más la teoría del apego formulada por Bowlby. Así, se acabaron concluyendo una serie de tipos de apego que serían la base de nuestra futura manera de vincularnos.

Tipos de apego

Principalmente, suelen comprenderse los siguientes tipos de apego:

Apego seguro

Se relaciona con una infancia en donde nuestras figuras de referencia se han mostrado disponibles emocionalmente, sin mayores intermitencias. Alude a vínculos estables, firmes y sólidos, donde el niño da por hecho que su vínculo va a estar incondicionalmente, va a cuidarle y puede contar con él siempre que lo necesite.

Los niños caracterizados por este tipo de apego suelen comportarse confiados en el medio, sin un recelo significativo aparente a la hora de explorar la realidad que les rodea.

Las personas que se desarrollan bajo este tipo de apego suelen forjar relaciones estables y coherentes donde son capaces de intimar y compartir, mostrar sus emociones e ir construyendo vínculos sanos.

Apego ambivalente o ansioso

La intermitencia y, como su denominación indica, la ambivalencia, son piezas centrales en la forja de este tipo de apego. Alude a vínculos inestables, construidos sobre bases endebles donde la figura podía mostrarse muy disponible emocionalmente un día, pero otro quizá no tanto, generando incertidumbre, duda y ansiedad en el pequeño.

Los niños que se caracterizan por este tipo de apego exploran el mundo sin completa seguridad, con miedo a encontrarse con peligros donde se vean solos, sin la compañía y protección de sus figuras de referencia.

Las personas que se desarrollan bajo este tipo de apego suelen forjar relaciones donde se comportan de manera muy demandante, queriendo evitar la incertidumbre a toda costa, necesitando mucha presencia y compañía de la otra parte, pues viven con la constante necesidad de controlar todo cuanto sucede y reducir los resquicios de inestabilidad.

Apego evitativo

Frialdad y falta de conexión emocional son los principales pilares que podemos destacar en este tipo de apego. Las figuras de referencia se muestran poco presentes, dando lugar a que el niño se desarrolle y vaya explorando el mundo con mayor autonomía, volviéndose muy poco dependiente de sus vínculos. De algún modo, asume que no cuenta con un fuerte respaldo y que, si quiere enfrentarse a algo, debe hacerlo solo.

Las personas que se desarrollan bajo este tipo de apego tienden a aislarse, cultivar mucho su independencia y soledad, sin necesitar demasiado de intimar o compartir con otros. Cuando se encuentran dentro de una relación, suelen tener dificultades para abrirse emocionalmente y hacer partícipe a la otra persona de su vulnerabilidad y su forma de entender el mundo.

Apego desorganizado

Se caracteriza por la ambivalencia y la confusión. Los niños no saben bien cómo comportarse con sus figuras de referencia. Esto suele ir ligado a relaciones de abuso, maltrato u otras experiencias traumáticas. Los niños están en constante alerta, sin tener claro cómo deben relacionarse con la realidad que les rodea.

Las personas que se desarrollan bajo este tipo de apego en donde se dan con asiduidad situaciones de violencia, hostilidad y conflicto, tienden a reproducir patrones semejantes en sus relaciones futuras, repercutiendo todo esto en vinculaciones inestables y difíciles de sostener a largo plazo.

¿Es cierta la teoría del apego?

Por supuesto que la información recogida por Bowlby, Ainsworth y compañía ha resultado útil para entender mejor ciertos aspectos conductuales de las personas. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado a la hora de extrapolar sus conclusiones.

Cada cierto tiempo se ponen de moda algunos conceptos extraídos de teorías psicológicas, como ya pasó en su día con el refuerzo intermitente en lo que respecta a ámbitos como el amor, o con otros como la serotonina si hablamos de mitos sobre la depresión. Mitos y más mitos sobre la psicología van prodigándose hasta calar en el lenguaje popular. Cuando algo se pone de moda, se vulgariza y pervierte en demasía.

La teoría del apego, simplificando un poco, viene a transmitir que las experiencias tempranas con nuestros cuidadores acaban por delimitar o influir notoriamente en cómo nos comportamos en relaciones afectivas futuras.

Esto cuenta con parte de verdad. Sí, los aprendizajes cosechados a lo largo de nuestra vida suponen casi todo el peso a la hora de relacionarnos afectivamente. Somos lo que hacemos, y hacemos en base a las experiencias que han ido dándose en nuestra historia de vida. Y sí, las experiencias tempranas son muy relevantes, e incluso debemos señalar que es común que se obvien todos los aprendizajes que se dan en los primeros años de vida, acabando por acudir a la genética o al esencialismo para explicar cuestiones que son básicamente propulsadas por lo sucedido durante esos primeros años. Desde el minuto 1 de vida estamos cultivando, incluso muchos autores dirían que antes. Desde que nacemos somos puras esponjas que van absorbiendo y absorbiendo. Debemos ser muy cautos a la hora de buscar las causas de nuestra conducta y no dar por hecho que algo viene dado de serie solo porque recordemos que desde pequeños está en nuestro repertorio comportamental.

Aunque todo esto sea así, hay algo que falla y es peligroso en la teoría del apego.

En primer lugar, aunque las experiencias durante la niñez son cruciales, no lo son todo. No sucede que llegada la adultez nos volvamos muchísimo más rígidos en lo que respecta a la plasticidad para aprender. Todas las personas pueden cambiar, aunque no siempre sea fácil, y aunque nos cueste mucho creerlo en algunos casos. Es más, constantemente todas las personas estamos cambiando, sólo que lo haremos más o menos según lo cambiante que sea también nuestro contexto y las contingencias que se nos postran delante.

En resumidas cuentas, somos todos los aprendizajes que vamos acumulando en nuestra vida, y aunque influyen bastante, no son tan decisivos aquellos que se cosechan en la infancia. Hay que restarle cierto peso a esta etapa, más allá de que pueda ser bastante influyente.

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En segundo lugar, la forma que tenemos de construir relaciones afectivas no es tan simple como formulan las teorías del apego. No todo se puede reducir a exiguos tipos de apego. En todo caso, podríamos hablar de que todas las personas contamos con características de cada tipo, aunque podamos encajar más en alguno concreto. Y al ser esto así, hace irrelevante su categorización, pues tampoco aporta mayor información. Si somos una mezcla de todos los tipos de apego y nos comportamos de una u otra manera dependiendo del contexto y las personas con las que nos relacionemos, ¿para qué auto hacinarnos dentro de una categoría específica y asumirla como si de un nuevo horóscopo se tratase?

Nuestras interacciones con el medio implican una mayor complejidad y la inexorable necesidad de atender a la función concreta de cada conducta, dependiendo del sujeto, sin caer en generalizaciones excesivas. Así es al menos como se comprende desde el Análisis Funcional de la Conducta, un enfoque que aboga por analizar la conducta desde el rigor que nos brinda la ciencia de la psicología.

Como seres humanos que somos, claro que tenemos en nuestro historia vital muchos aprendizajes comunes o de gran similitud, y más aún con el calado de la globalización, pero hacer 4 o 5 categorías y pretender encajar ahí a todo individuo es un tanto reduccionista.

Y, en tercer lugar, independientemente de si esto queda formulado o no en las teorías del apego originales, con la popularización en redes sociales de cualquier concepto, todo va tomando otros tintes aún más vulgares e irrisorios.

Por ejemplo, se acaba por reificar y difundir el apego como prácticamente una entidad que se posee o no se posee. Lo que no es más que una etiqueta para articular una serie de conductas pasa a ser algo que el sujeto tiene dentro de sí, que viene consigo y es casi imposible de modificar.

Se habla de tener apego ansioso, apego evitativo o apego seguro, como algo que va dentro de una propia persona, como algo que forma parte de la propia personalidad, de la propia esencia y es cerca de inmutable.

El creer que somos así, casi sin posibilidad de cambio, nos lleva a justificar determinadas conductas sin buscar reparación, a tener una especie de, como decíamos, horóscopo en el que basarnos y, por lo tanto, caer en constantes sesgos de confirmación, sólo prestando atención a aquello que concuerda con esa etiqueta que, supuestamente, nos caracteriza y define. Esto aboca, entre otras cosas, en que mucha gente pulule desconcertada y no acuda a terapia psicológica por creer que no hay nada que pueda ya cambiar.

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El problema no radica en que la gente de a pie pervierta y haga manido el concepto de apego, pues a fin de cuentas estamos todo el rato buscando respuestas y nombres que puedan dar pseudoexplicaciones a todo cuanto nos pasa, reduciendo así la incertidumbre y brindándonos sensación de control. El problema está en que los propios profesionales del gremio de la psicología divulguen estos términos como si realmente gozasen de gran validez o verosimilitud.

Pero esto no es nuevo, es el pan de cada día, uno de los grandes peligros de la divulgación en psicología, otro ejemplo de lo que ayuda a amasar likes, y lo que incluso se imparte en las facultades de psicología como conocimiento válido.

Si buscas ayuda…

Si has encontrado esta información por estar buscando las consecuencias de tu tipo de apego o si estás buscando ayuda por cualquier otro motivo y quieres encontrar un buen psicólogo, no dudes en consultar nuestros servicios de terapia online psicológica.

Ejercemos desde el rigor científico y siempre procurando que la consulta sea un espacio seguro donde quien acuda se sienta como en casa.

Por otro lado, si lo que te apetece es ahondar más en conceptos que repetimos tanto, como el de apego, función, historia de aprendizaje, personalidad, esencialismo o análisis funcional de la conducta, puedes echar un vistazo a nuestro catálogo de cursos, o suscribirte a nuestra revista digital de psicología científica, en donde lanzamos artículos semanales de forma completamente exclusiva.

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Marcos de Andrés Ortega

Dedicado a la coordinación del proyecto de enGrama, a la creación de contenido divulgativo y formativo, y a todos aquellos aspectos que impliquen atención al cliente, comunicación y redes sociales.Estudié trabajo social y psicología, para acabar por especializarme en el enfoque del análisis funcional de la conducta, el cual se ha convertido en un prisma desde el que concebir mi realidad. Más sobre Marcos de Andrés
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2 respuestas

  1. Buenas tardes, Sr. MARCOS DE ANDRÉS ORTEGA,

    Muchas gracias esta publicación, siempre parece importante los espacios que la información sana que conforma el esfuerzo por llevar a la psicología por el camino de la ciencia. Quería consultar sí, al respecto de la teoría del apego, ¿tienes algún artículo o libros que nos pudiera recomendar?
    Gracias

    1. Muchas gracias por leer y valorar el artículo, José.

      Por desgracia, no conozco lecturas divulgativas completamente enfocadas solo en el tema del apego.

      Gracias a ti.

      Un abrazo.

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